Monday, September 29, 2014

Día del Inventor en Argentina, recordando el natalicio de Biro, inventor del bolígrafo

 En la Argentina, el Día del Inventor se celebra el 29 de septiembre, por ser esta la fecha en que nació (en 1899, en Budapest) László József Bíró, un akarnok (buscavidas en húngaro) que intentó suerte en diversas actividades. Fue vendedor a domicilio, agente de bolsa, despachante de aduana, escultor, pintor, periodista, hipnotizador y hasta participó en carreras de autos. Aunque sin dudas, lo suyo eran los inventos.

Por ejemplo, ideó un precario sistema de caja automática, una cerradura inviolable y un lavarropas. En algunos casos, fue fundamental la participación de su hermano Georg, quien era químico. Durante su época de periodista, a Ladislao Biro (ese es su nombre castellanizado) se le ocurrió que debía encontrar la forma de que la tinta de las lapiceras se secara más rápido.

Los Biro lograron un solución líquida, muy adecuada para la escritura manual, aunque no del todo efectiva: la pluma se trababa por el espesor de la tinta. Hasta que en Budapest, Ladislao observó a chicos que se entretenían lanzando bolitas de vidrio para que rodaran lejos por el suelo, pero pasando por un charco de agua, de tal manera que trazaran una línea de agua en el piso seco, al salir del charco. La escena estaba mostrándole la resolución del problema. No debía utilizar una pluma metálica en la punta, sino una bolita.

En realidad, el sistema del bolígrafo ya había sido inventado en 1888, antes de que los Biro nacieran. De todas maneras, el mecanismo tenía fallas, entre ellas la falta de una tinta adaptable. Además, no se había comercializado. Laszlo Biro patentó su bolígrafo en 1938, tanto en Francia como en Hungría.

Los Biro se encontraban en Francia, donde por casualidad conocieron al ex presidente Agustín P. Justo. Cuando le contaron acerca de su invento, Justo les propuso que instalaran una fábrica en la Argentina y les entregó una tarjeta personal. Poco tiempo después Biro entabló relación con su compatriota Johann Georg Meyne, quien se integró a la sociedad de los hermanos aportando capital.

La reunión con Justo pudo haber sido una anécdota más. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial torció varios destinos, incluso el de Ladislao Biro, quien recordó el episodio con Justo y partió de Hungría rumbo a la Argentina, huyendo de la persecución nazi por su origen judío, junto a su hermano Georg y a su socio Meyne. Arribaron en mayo de 1940. El 10 de junio de 1943 patentaron en Buenos Aires su gran invento, que no era como el original, sino que había sido perfeccionado, ya que el tema de la tinta no había podido resolverse en forma completa.

La definición del producto, registrado bajo la patente 57.892, es “Instrumento para escribir a punta esférica loca”. Cuando les tocó bautizar a su lapicera, la llamaron birome, que significaba Biro y Meyne. Aunque debe reconocerse que en algún momento sintieron que había que rebautizarla esferográfica, por suerte, nombre que no prosperó.

Fuente: Daniel Balmaceda para La Nación

Publicado por Valeria Duek Jewish tour Buenos Aires

Sunday, September 28, 2014

Emilie Schindler en Argentina

Por Raúl Kollmann para Página 12, publicado el 5 de octubre de 2001

 Llegué a casa de Emilie Schindler, en San Vicente, mucho antes de que ella se hiciera famosa. El director Steven Spielberg ya había empezado la filmación de la Lista de Schindler, pero por entonces casi nadie sabía que ella vivía en las afueras de Buenos Aires. Un familiar me había contado que pocos años antes, la organización filantrópica judía B’nai B’rith había juntado fondos para ayudarla y esa fue mi pista para llegar hasta la entonces desconocida Emilie. Recuerdo que toqué el precario timbre de la vivienda blanca –cedida por la B’nai B’rith– un mediodía de feriado.
En aquella época Emilie no caminaba: estaba casi postrada en una cama porque no tenía dinero para los remedios. Pero no fue eso lo que más me impresionó: lo que resultaba un impacto brutal era el olor de aquella casa, llena de excrementos de perros y gatos. El golpe no sólo producía náuseas, sino que representaba una contradicción difícil de comprender: la mujer, que junto a Oskar Schindler había ayudado a salvar a 1200 judíos, vivía postrada, en condiciones de miseria y sólo ayudada por una institución judía, como si la misión de darle una vida normal, decorosa, hubiera quedado únicamente en manos de las víctimas del Holocausto.
Con los años y las numerosas charlas que mantuvimos me di cuenta de que Emilie estaba furiosa,
En primer lugar, porque no se reconocía el verdadero papel que ella jugó para salvar a los Schindler-juden (los judíos de Schindler). Y esto lo pude comprobar hablando con los sobrevivientes: Emilie cargó sobre sus espaldas con la tarea más dura y difícil por aquella época, que era conseguir la comida para mantener a todos. Noté que aún a los 90 años tenía una tremenda personalidad y eso fue lo que seguramente la convirtió en el alma mater de la sobrevivencia, negociando en el mercado negro y moviendo comida en forma clandestina, de noche, antes las mismas barbas de los nazis. La imaginé siempre dando órdenes, no recibiendo instrucciones de un Oskar al que consideraba débil, oportunista y perdedor. No tengo dudas de que Schindler –ella lo llamaba así a él, siempre por el apellido– fue un negociador vivo, astuto y que se movió haciendo buenas migas con los oficiales genocidas, pero ella seguro fue el respaldo de todo, la personalidad para afrontar el drama y el peligro diario.
La vida en San Vicente fue un ejemplo. Tiempo después que Oskar y Emilie llegaron a la Argentina, él se volvió a Alemania y la dejó ahí en el Gran Buenos Aires. Ella se las arregló sola: tenía vacas que movía de un lugar a otro –incluso lo hacía a la edad de 70 años o más–, algún chancho y hasta gallinas. Compraba y vendía, daba órdenes aún en ese ocaso, mientras insultaba casi todo el tiempo en un idioma que nadie le entendía.
Después vino un tiempo de descuento con gloria, cuando ella ya pegaba la curva de los 90 años: la fama que le proporcionó la película de Spielberg le permitió ser homenajeada, mientras la llevaron de un país a otro, casi como un trofeo. Fueron tiempos de unos actos interminables en los que ella rara vez entendía de qué se hablaba. Pero se sintió querida, retribuida. Eso sí, siempre yo veía en ella la furia, tal vez porque vivió con cierta indignación el acercamiento de oportunistas que querían ganar prestigio o dinero exhibiéndola. Después, de golpe, la dejaban sola otra vez y, debo decirlo aquí, sólo la B’nai B’rith seguía firme, dándole una mano en silencio, como antes de la fama.
Nunca entendí otra de sus furias: la relacionada con el dinero. Estaba que estallaba con Spielberg, de quien decía que no le había dado lo que correspondía por la película. Acusaba a una revista alemana que se apropió de los originales de la “Lista” que valían una fortuna. Mencionaba a periodistas que prometieron dinero a cambio de notas interminables y le incumplieron. Siempre estaba enojada y reclamando, pero lo curioso es que no se veía que gastara nada: vestía modestamente, no tenía joyas y elúnico dinero que en verdad precisó fue para la comida de sus perros y gatos y para las dos personas que se turnaban para asistirla, sobre todo cuando –muy a menudo– no podía caminar. Mi último diálogo con ella fue, justamente, porque me pidió ayuda para conseguir una silla de ruedas.
Su espíritu indomable lo vi en todas las peleas: hubo un tiempo, hace algo más de un año, cuando ella ya casi no podía vivir en San Vicente porque caminaba un día sí y tres no. Se habló de un hogar de ancianos, pero fue una pelea de meses, porque ella decía que se arreglaba y que de ninguna manera dejaría a sus dos perros. Siguió dando batalla hasta el final, con esa misma furia.
Me habló horas y horas del frío, del hambre, del abandono, del rencor, de la increíble lucha para que todos pudieran sobrevivir en medio del genocidio nazi. Siempre me pregunté por qué se la había jugado a favor de aquellos judíos y cuando lo hablábamos ella invariablemente me dio la misma respuesta. Levantaba los hombros y decía: “Era lo que había que hacer”. Estoy seguro que casi nunca fue feliz, pero las pocas veces que la vi sonreír tuvieron que ver con eso: sintió que hizo lo que tenía que hacer, que le había ganado una partida a los nazis y que, aunque sea en aquello, los cagó con su furia indomable.
Mirando hacia atrás, habiéndola conocido como la conocí, después de hablar con sobrevivientes y sabiendo cómo era Oskar, estoy seguro que la Lista de Schindler fue en una proporción altísima, la Lista de Emilie.
Por eso, al final del camino, gracias por la furia, Emilie. Un beso.


A la sombra de Oskar

Emilie Schindler murió ayer de la misma forma en que vivió: en un discreto segundo plano. La muerte le llegó a los 93 años –había nacido en 1907 en lo que hoy es la República Checa– en el hospital MaerkischOderland de Berlín, Alemania, a donde había regresado este año por encontrarse muy enferma, luego de vivir 49 años en la Argentina, en una humilde vivienda de la localidad bonaerense de San Vicente. La mujer ni siquiera estuvo en la cresta de la ola cuando se estrenó el filme norteamericano La lista de Schindler, porque el protagonismo siempre lo tuvo su ex marido, Oskar, quien se llevó las palmas por haber salvado la vida de 1200 judíos durante el régimen nazi.
En una entrevista con Página/12, en octubre de 1999, ella recordaba con bronca a Oskar. “Yo traía la comida, si no voy yo se morían todos. De Schindler no recibían nada. El era un haragán completo”, dijo en esa ocasión sin dejar abierta la posibilidad de poner su palabra en duda.
Oskar y Emilie habían llegado juntos a la Argentina en 1949, pero en 1957 se separaron y él retornó a Alemania, donde murió en 1974.
La muerte de Emilie fue confirmada por su biógrafa, Erika Rosemberg, quien partió de Buenos Aires para asistir al funeral. “Lo sentimos mucho. Es un gran dolor. Ella va a estar entre los justos, que salvaron judíos y no judíos durante la Segunda Guerra Mundial”, dijo a la prensa el presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), José Hercman, al ser consultado sobre la muerte de Emilie.
En los últimos años, Emilie Schindler vivió modestamente con un subsidio de la asociación B’Nai B’Brith, del gobierno argentino y de fondos alemanes. Nunca recibió nada por los derechos de la famosa película de Steven Spielberg, aunque ella aseguraba que había hecho más por los judíos que el propio Oskar.

 Publicado por Valeria Duek Kosherlat Jewish tour Buenos Aires

Sunday, September 21, 2014

Rosh Hashana 5775: Shofar a domicilio


Shofar a domicilio para todos aquellos que no puedan ir a escuchar el Shofar.
25 y 26 de septiembre de 2014
www.argentinailumina.com

Un proyecto de Jabad Lubavitch Argentina

Publicado por Valeria Duek Kosherlat Jewish tour Buenos Aires



Monday, September 15, 2014

TEATRO: UN DIA ES UN MONTON DE COSAS donde una familia judía ortodoxa se cruza con otra del mundo "psi"

Por Carolina Prieto para Pagina/12

Dos familias, una judía ortodoxa y otra del mundo psi, se vinculan en esta puesta que apela al humor y a resaltar la profundidad del texto, sin caer en la solemnidad. La obra fue ganadora del Premio Rozenmacher de Nueva Dramaturgia.

El jurado del Premio Rozenmacher de Nueva Dramaturgia no dudó en que Un día es un montón de cosas, de Jimena Aguilar, merecía el primer premio del concurso organizado por el Centro Cultural Ricardo Rojas y el Festival Internacional de Buenos Aires. El cruce de dos familias, una judía ortodoxa y otra del mundo psi, el humor y la densidad capturaron al crítico Jorge Dubatti, la dramaturga, directora y actriz Andrea Garrote y su colega Mariano Saba. La obra recibió el galardón en octubre pasado, en el marco del FIBA; fue publicada y traducida al inglés, portugués y francés y acaba de estrenarse en el Rojas. La dirige la autora y actúan Gabriel Wolf, Marinha Villalobos y Mora Arenillas (padre psicólogo, madre en crisis e hija punk, los tres miembros del clan psi) y Marcelo Saltal y Enzo Pedroni, padre e hijo respectivamente, de traje, peyes (los tradicionales bucles) y un poco de marihuana que comparten de noche mientras miran la tele, desolados. Es que Malka, la madre, acaba de desaparecer; sólo dejó una nota misteriosa que sumió al padre en una gran depresión. Harto de ver a su padre sin rumbo, el hijo decide llevarlo a su terapeuta para intentar salir de esa situación. Así se entrecruzan los dos mundos y las certezas y convicciones comienzan a tambalear.

En ningún lado están bien las cosas. Natán no soporta ver a su padre sin otra capacidad de reacción que no sea el llanto, la queja y el porro. Del otro lado, el terapeuta no está mucho mejor. Encerrado en su trabajo, no conecta ni con su hija (que directamente opta por no hablar) ni con su mujer (una estupenda actuación de Marinha Villalobos) que busca vanamente en él un interlocutor, para que la ayude a cambiar en algo una vida que siente vacía y desaprovechada. La sala Biblioteca del Rojas (toda revestida en madera) le sienta muy bien a esta puesta intimista, que transcurre en el interior de ambas casas y con el público ubicado muy cerca de los actores. Una atmósfera amarronada y quieta como hábitat para dos familias que están estancadas. El movimiento comienza desde que padre e hijo llegan a la consulta con el terapeuta en su propia casa. Elías, el padre, no puede resistirse al olor a comida casera que se cuela desde la cocina. El encuadre terapéutico que indica sostener ciertas distancias se desvanece y consiguen quedarse a cenar en la casa del terapeuta. El analista se resiste, pero el afán de su mujer por dialogar con otros es más fuerte. El guiso de lentejas ya está servido en la mesa para los cinco comensales.

Tercera obra de Aguilar (antes escribió y dirigió Baladi y Dixit), Un día es un montón de cosas comenzó a germinar en un taller de dramaturgia de Matías Feldman. Allí, y a partir de una consigna que consistía en confrontar imágenes, aparecieron los personajes y algunas situaciones que decantaron en la obra. “Una banda de chicas punk, un entierro judío, un padre fumando marihuana en el auto con su hijo, una mujer llorando en la cama. Con estas imágenes hicimos un proceso de ponerlas en choque y ver qué salpicaba, qué salía”, comenta la autora, de 35 años, en la entrevista con Página/12. Son mundos que conoce bien: estuvo diez años casada con un hombre judío, ella misma tuvo su etapa punk de chica y el psicoanálisis es un saber que le interesa. Pero en su obra ni la religión ni la terapia salen muy bien paradas, con un personaje religioso al borde del precipicio y un analista tan poco lúcido como el mayor de los negadores. “Pone en evidencia que frente a los grandes cimbronazos de la vida, como la pérdida, no queda otra que transitarlos lo mejor que se pueda. Nada va a calmar el dolor, aunque por supuesto el psicoanálisis o la religión pueden alivianar un poco. Seas creyente o psicoanalista progre, sufrimos y nos alegramos por las mismas cosas. Antes ciertas cuestiones somos todos iguales. Frente al vacío y al abismo no hay mucho para hacer”, reflexiona la autora. Los hijos de ambas familias, testigos silenciosos de las frustraciones paternas, son los que ayudan y promueven el cambio. Natán llevando a su padre a la consulta y la hija dando una posible explicación ante la pérdida tan simple como contundente.

Sorprende que la figura del terapeuta aparezca como una persona básica, limitada, sin la cintura y la comprensión que se suele atribuir a dicha profesión. “Casi como mostrar el doble discurso del psicoanálisis, que propone algo que en la práctica no siempre es tan sencillo de hacer. A veces ayuda más hablar con alguien que no tiene fórmulas ni discursos preestablecidos de contención, sino simplemente ganas de ayudar y de escuchar, como el personaje de Ana, la hija”, sostiene Aguilar.

Pasar del texto escrito a la escena viva trajo sorpresas. “Nunca es como te lo imaginás. El aporte de cada actor, el color que cada uno les da a los personajes enriquece el material”, explica la directora, que antes de dedicarse de lleno al teatro estudió piano y filosofía. El desafío fue transitar una zona delgada: desde el registro actoral no subrayar ni forzar la comedia y a la vez buscar la profundidad del texto sin caer en la solemnidad. La intención fue que cada actor encarara su personaje “desde la mayor verdad” potenciando la fuerza del texto y de las interpretaciones. “En esta puesta no hay pirotecnias, es un planteo tradicional. Confío en la progresión de la obra, en lo que va pasando, lo que se va acumulando y contando. Eso ya me parece suficiente para atraer al público”, opina.

* Un día es un montón de cosas, viernes a las 21 en la sala Biblioteca del Centro Cultural Ricardo Rojas (Avenida Corrientes 2038).

Publicado por Valeria Duek Kosherlat Buenos Aires Jewish Tour

Noa en Argentina: “Cantar por la paz es mi principal misión”

Una voz por la convivencia
Marcada por un magnicidio del que fue testigo, la artista Israelí Noa participó de infinidad de recitales en todo el mundo junto a Sting, Bono y Serrat. Su visión del conflicto palestino-israelí.

Por Silvia Schuchner para Clarín
Para muchos, su voz es un símbolo de paz. Ella, cuando lo escucha, abre aún más sus ojos inmensos y sonríe, y dice que sí, que mucha gente cree eso por todos los años que lleva dedicando su tiempo y energías a actividades pacifistas. Se trata de la cantante israelí Achinoam Nini, cuyo nombre significa “hermana de la paz”. Pero se hizo conocida como Noa, una abreviatura que remite a la primera feminista de la Biblia aunque ella prefiere traducirlo como Not only Achinoam (no sólo Achinoam) como una manera de incluir a sus músicos.
Noa estuvo la semana pasada en Buenos Aires para participar de los dos primeros conciertos que Joaquín Sabina dio en el Luna Park. Su trayectoria la muestra junto a mega estrellas como Sting, Bono, Carlos Santana y Stevie Wonder. “He cantado con todos los héroes de mi juventud -dice entre risas-. Con Stevie Wonder fue lo más cercano a cantar con Dios”. También hizo duetos con Serrat, Zucchero y Quincy Jones, quien dijo de ella “hace que mi alma sonría”.
Y algo de ese encanto se percibe ni bien se la conoce. Aparece en el bar del Four Seassons con una túnica roja que deja ver su piel morena. Tiene una voz suave y dulce, pero enérgica. Todo en ella exhala libertad. Lleva una cadenita con dos dijes: un corazón y un zapato de taco alto. “Este me lo regaló Joaquín”, cuenta y confiesa que, a pesar de que muchas veces canta de blanco y hasta descalza, esta vez eligió subirse a unos tacos altísimos, como homenaje a su amigo.
La vida, entre el horror y la belleza
Su cruzada por la paz empezó en su juventud. Fue después de un festival en Tel Aviv, luego de los acuerdos de Oslo entre palestinos e israelíes, en 1995. Noa participaba ese día del recital cuando un fanático asesinó al Primer Ministro israelí Yitzhak Rabin. “Era un momento increíblemente feliz, todo el mundo pensaba que al fin iba a haber paz y que nuestras vidas iban a cambiar. Un momento de esperanza que se destruyó. Yo fui testigo de eso. Para mí fue dramático. Siempre dije que si Rabin dio su vida por la paz, yo también podía dar algo, mi tiempo, mi popularidad. Y desde entonces lo convertí en mi misión”.
Era muy jovencita cuando cantó en el Vaticano ante 100.000 personas y conmovió con su versión del Ave María. Y volvió a emocionar cuando escribió la letra de la canción “La vida es bella”, la película de Roberto Begnini que ganó tres Oscar. En 2009 volvió a sorprender cuando representó a Israel en Eurovision junto a la artista palestina Mira Awad con la canción “There must be another way” (debe haber otro camino). Y actualmente es embajadora de buena voluntad de Israel por la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
El lugar de los artistas
Noa cuenta actualmente que hay algunos proyectos entre artistas israelíes y palestinos (que viven en Israel), pero que no es lo habitual. “No es tan frecuente ni suficiente. Con los que viven en la Franja de Gaza es muy difícil entrar en contacto porque no hay canales de comunicación. Los artistas tenemos el privilegio de estar por encima de las disputas del mundo político y podemos plantear una perspectiva distinta del futuro. Yo no escribo música política. Si hago política en mi música, es de manera subliminal o metafórica”.
Noa canta con la misma fluidez en inglés, hebreo e incluso en español. Su estilo tiene reminiscencias de Paul Simon, Joni Mitchell y Leonard Cohen. Pero es muy versátil y a lo largo de sus 15 discos ha hecho jazz, música clásica y rock. Siempre con su compañero musical Gil Dor, con quien trabaja hace 25 años. Ella es así, una persona muy fiel. Con su marido, y padre de sus tres hijos, está desde hace 30 años, ¡desde los 15! “Es una cuestión de carácter -dice-. Soy una persona que le gusta tener compañeros. Me gusta trabajar con las personas. Soy una persona de familia, familia musical. Hace años que trabajo con los mismos músicos, el mismo manager. Creo mucho en la colaboración”.
A Sabina lo conoció por su amigo Joan Manuel Serrat. Una madrugada lo llamó para decirle que le había escrito una canción. Al músico español le gustó tanto que quiso invitarla a compartir el escenario del Luna Park. “Con Joaquín compartimos la misma pasión por las palabras. Aunque yo canto más como un colibrí y él como un borracho vagabundo -dice y vuelve a reír-. Mi inspiración siempre es a través del sentido de las palabras”.
Al subirse al escenario del Luna se presentó así: “Tengo un rostro árabe, alma judía, pasaporte israelí, pasé mi infancia en las calles de Nueva York donde me crió mi abuela yemenita que me enseñó canciones maravillosas”. Y cantó una canción sobre una niña a la que obligan a casarse contra su voluntad. “Quiero dedicar esa canción a todas esas mujeres que hoy en día continúan luchando por sus más básicos derechos humanos”, dijo y recibió una ovación.
La visita del Papa Francisco este año a Israel le gustó. “Es un Papa maravilloso. Pero creo que las religiones son responsables en gran medida del lío en el que estamos metidos. Creo que a la religión hay que dejarla de lado. Y los líderes tienen que explicarle a la gente que la razón de la creación de las religiones no tiene nada que ver con la violencia y que la interpretación radical de una religión es destructiva para toda la humanidad. El Papa también tiene que fomentar este tipo de reconciliación entre las religiones y, bendito sea, si lo hace”.
La paz es posible
Se acaba el tiempo pautado. La esperan para la siguiente entrevista. Pero nos queda una pregunta. ¿Creés que es posible una solución al conflicto entre palestinos e israelíes? Noa nos mira con sus inmensos ojos y dice: “Creo en la solución de dos Estados viviendo en paz lado a lado a través del diálogo, esa es la única solución. Para mí tiene que ver con tres conceptos: reconocer, pedir disculpas y compartir. Reconocernos significa poder reconocerse uno al otro desde distintas perspectivas: histórica e humana. Porque el otro tiene derecho a existir y a tener una identidad propia. Lo segundo es pedir disculpas por el dolor causado de ambos lados. Eso es muy importante para el proceso. Pedir perdón y compartir el dolor te hace más honorable. Lo último es compartir. Compartimos un pedazo de tierra muy pequeño que podría ser como una estancia en la Argentina. Incluso así, eso tiene que ser compartido por dos países, Palestina e Israel. Es la única solución posible”.

Friday, September 12, 2014

Sinagoga de Colonia Carmel, Provincia de Entre Ríos, Argentina


Hasta el año 1900, cuando se construyó el templo, los encuentros religiosos de Colonia Carmel se realizaban en casas particulares. Pero años después, en los mejores tiempos de la colonia, más de cien familias llegaban a juntarse en esta sinagoga. Solían concurrir a pie, puesto que para Shabat no podían andar a caballo.

El templo dejó de funcionar en la década del ‘50, tras un éxodo masivo de colonos. Fue restaurado en el año 2000 y de las dos salas quedó sólo la principal, que era donde se ubicaban los hombres.

Colonia Carmel se encuentra en el centro de la Provincia de Entre Ríos, Argentina.

Colonización Judía en Argentina.

Publicado por Valeria Duek Kosherlat Jewish tours Argentina


Wednesday, September 3, 2014

Monday, September 1, 2014